Relatos cortos, criticas y algunas cosas más.

viernes, 22 de febrero de 2013

















Ayer intenté subir otras tantas fotos de mis cositas pero se fastidió un poco todo. Pero nada, ya estoy aqui y os aburriré con lo que hago.

jueves, 21 de febrero de 2013



































Cosas que voy haciendo. Parece que no tengo nada mejor que hacer, pero lo cierto es que tengo tiempo para todo.

lunes, 3 de diciembre de 2012

39. KYLE



            Era un ángel, heavy, pero ángel al fin y al cabo. Nos había traído una enorme fiambrera con guiso para dos días y algunas latas de cerveza, entre otras cosas. Verla en el umbral de mi nuevo hogar (el trastero) con dos bolsas reciclables llenas hasta arriba y esa carita de no querer molestar, me destrozó por completo.
            Me levanté de donde estaba y me senté a su lado, a escasos centímetros de ella. La piel me ardía allí donde mi rodilla rozaba con la suya.
            - Ven, siéntate aquí. – Le indiqué un lugar sobre la alfombra, entre mis piernas. La mirada atónita que me dedicó no tenía precio.
            - ¿Cómo dices?
            - Siéntate aquí en la alfombra, te voy a dar un masaje que lo vas a flipar.
            Pero no titubeó, se levantó y fue a sentarse donde yo le decía, y esa fue mi perdición porque comencé a arder de adentro hacia afuera, por combustión espontánea.
            Cruzó sus largas piernas y se apoyó en sus brazos también cruzados sobre el arcón de mimbre que hacía las funciones de mesa baja. Era tan alta que apenas tuve que inclinarme sobre ella. En cuanto puse mis manos en sus hombros, debieron aparecer chispas que no comprendí porque no me daba calambre.
            La camiseta era de fino algodón y al tacto era como si llevara la más ligera de las sedas. O tal vez eran mis ansias por prescindir de la tela. Hubiera estado fuera de lugar pedirle que se quitara la camiseta, por ello tuve que morderme el labio para evitar que las palabras salieran de mi boca.
            Pero lo más intenso de todo fue cuando ella dejó escapar un sonido a medio camino entre suspiro y gemido. Me entraron ganas de besarla, pero me detuve a tiempo, apenas me conocía y no quería que saliera huyendo. Sonó la puerta y Jared hizo acto de presencia, bajo mis dedos noté como Riley se tensaba.
*          *          *
            - Hoy he visto a mi madre.
            No aparentaba estar particularmente emocionado.
            Riley hacía un buen rato que se había ido después de haber cenado los tres juntos. Ahora estábamos cada uno en “nuestra” cama, a oscuras y justo cuando creía que él ya estaba dormido.
            - No pareces muy contento de haberla visto.
            - No lo estoy.
            Aquí estaba otra vez Jared “el enigmático”, supuse que habría que sonsacarle la información, como siempre.
            - Pensé que vivía en las afueras.
            - Y yo.
            Iba a ser lento y difícil, pero conociéndolo como lo conocía, sabía que esta vez quería hablar del tema, solo necesitaba un leve empujón.
            - Pero tú no te la has encontrado en las afueras. ¿Verdad?
            - Fui a llevar material a un edificio y coincidí con ella en la entrada. Ha perdido la casa, el cabrón con el que estaba le hizo una jugarreta. – Jared hizo una pausa tan larga que supuse que había terminado de hablar, me dispuse a intervenir pero él continuó. – Me ha dicho que puedo volver a casa. ¡Ja! Como si ese fuese mi hogar. ¿Quién me asegura que no volverá a echarme?
            - Has rechazado la oferta. Bien por ti. – Respondí para animarle.  Yo no lo habría hecho, pero Jared estaba muy dolido, y con razón.
            - Le he dicho que seríamos dos.
            ¿Cómo? ¿Dos? ¿Había contado conmigo también? ¿Había aceptado la propuesta? ¿Una casa como Dios manda?
            - ¿Lo has pensado bien?
            - Perfectamente. Pero debo advertirte algo. – Permanecí en silencio esperando lo que viniera a continuación. – No esperes una familia ideal.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Durante todo este tiempo no he estado tan ocupada como para no pasarme por mi blog, pero mi conexión a internet dejaba mucho que desear. Ahora estoy aqui, he vuelto para quedarme, tengo internet de fibra optica y supongo que... hasta que el cuerpo aguante.

Pero el que no haya publicado nada por aqui, no quiere decir que haya estado inactiva. Ya sabeis que la mente nunca descansa, no necesita recargarle las baterías... en cualquier momento, en cualquier lugar... siempre está en marcha.

miércoles, 11 de julio de 2012

Mi problema es que no me puedo estar quieta. Escribo (últimamente, más bien poco) y ahora he comenzado con clases de solfeo... ummm, y yo que no sabía qué era una corchea, semicorchea, fusa y semifusa.
Ahora se distinguir las notas según donde estén colocadas... siempre y cuando estemos en clave de sol, jajajaja. Pero voy avanzando, mi instrumento... el clarinete, eso espero.

miércoles, 2 de mayo de 2012

38. RILEY


            Llevaba varios días sin ir a hacerles una visita a Jared y Kyle en su madriguera. Como los dos tenían trabajo era más difícil coincidir con ambos a la vez, aunque quien más me interesaba es Jared y no es que me prestara mucha atención.
            Me presenté en el trastero con una bolsa llena de comida, toda hecha por mí y no era por presumir, pero era deliciosa porque se me daban realmente bien los guisos. Solo estaba Kyle, que pareció muy feliz de verme, era un tío que sabía ser agradecido, siempre ponía esa cara feliz, todo dientes cuando le preparaba algo de comer aunque solo fuera un bocata del bar.
            - Me pillas que iba a darme una ducha. ¿Te importa esperar?
            - Oh, no. Veré un rato la televisión.
            - Coge una Coca-Cola del frigorífico… siéntete como en tu casa. – Tomó una toalla de las que yo le había traído en otra ocasión y una muda de ropa interior, parecía muy feliz cuando se encerró en el baño.

            Cuando entré al baño, accidentalmente me encontré con Kyle. Solo llevaba puesto un pantalón vaquero e iba descalzo.
            - Perdona, creí que ya habías terminado. – Me volví para salir pero él me retuvo sujetándome por el brazo.
            - Ya he terminado. Estoy listo.
            Y efectivamente estaba listo, para comérselo con los ojos. Llevaba desabotonado el pantalón y le quedaba caído colgando de sus estrechas caderas. Me permití un vistazo detenido: tenía unos bíceps para hacerme suspirar y estaba bronceado. Ningún tatuaje a la vista, lo que me llevó a fijarme en una cicatriz que arrancaba de debajo del pezón izquierdo y que le llegaba al costado.
            Un escalofrío repentino me sacudió cuando me permití pensar en el origen de esa cicatriz. Sin pensarlo y de forma inconsciente, me vi llevando la mano a la cicatriz, y en las yemas de los dedos noté el tacto rugoso de la piel, acompañada a ambos lados por unos rastros punteados de donde debieron estar las grapas.
            - ¿Qué fue? – Me vi preguntando a la vez que me inclinaba descaradamente para verlo más de cerca.
            - Una disputa territorial. Ocupé el sitio de otro. Pero fue hace mucho tiempo, al principio del todo. – Se alejó de mí y yo me incorporé avergonzada. Me lavé las manos, como era mi intención, mientras me observaba en el espejo. Estaba ruborizada, en claro contraste con el negro de mi ropa.
            - Deberías comprarte alguna camiseta en rojo… – Lo miré sin comprender. – Te sienta bien ese color. – Terminó indicándome con un gesto mis mejillas.
            Después de un rápido secado en la toalla de mano, fui hasta el supuesto salón y me senté en el otro sofá. Me dejé caer perezosamente contra el respaldo, estaba más cansada de lo que creía.