Relatos cortos, criticas y algunas cosas más.

lunes, 3 de octubre de 2011

Comienzo el viaje

Me lo estoy tomando como un viaje, pero no viaje entendido como trayecto, sino como un viaje en si donde disfruto del camino antes de llegar al objetivo. Mi objetivo está claro, quiero publicar algo, quiero ver mis relatos en papel, en la estantería de una librería.
Supongo que sería la primera en comprar puesto que el primero sería para una amiga especial que me lee todo lo que escribo y además me ayuda a elegir títulos, nombres de personajes y demás. Espera cada nueva pagina intrigada por qué pasará y me interroga acerca de todo ello.
Con todo esto quiero decir que acabo de presentarme a dos concursos de relato corto.
Si ya pensé que escribir un relato largo era una odisea para mi (esto es, como las que escriben 500 o 600 paginas, bien por ellas), condensar una historia en diez paginas o en 1.000 palabras, es algo así como un esfuerzo titánico.
Pero lo he logrado, he escrito una historia en diez paginas para un concurso y despues una historia en mil palabras para otro concurso.
Ojalá  haya suerte, porque desde los doce o trece años estoy metida en esto. No ha sido sino hasta hace poco que me he decidido a tirarme de cabeza. Estoy en trámite de registrar tres relatos que tengo terminados y de ahi pues a enviarlos a las editoriales a ver que tal, si les gusta y funciona.
Lo cierto es que necesito lectores voluntarios para ver que les parece.
Ya diré qué resulta de ambos concursos.
*Uno de ellos tiene el 30 de octubre como plazo máximo de entrega, imagino que a partir del día siguiente comunicarán algo al respecto. Este concurso es para publicar en e-book. Desafortuandamente aun no soy usuaria de este invento, pero me gustaría ser una de las veinte afortunadas/os.
*El otro de los concursos tiene como plazo máximo de entrega hasta el 7 de octubre, asi que pronto sabré algo. Éste será un libro propiamente dicho, esto es, en papel, os lo pongo tal y como lo han explicado ellos: "El libro se editará con los relatos que la editorial considere que ofrecen la calidad suficiente, tenga el volumen que tenga (nº de páginas), en formato DINA 5, portada color con solapas"
Espero tener suerte al menos con alguno de los dos relatos.

viernes, 2 de septiembre de 2011

31. RILEY


     Observaba a Jared cuando lo vi dormirse. Lo hizo como los críos pequeños, que no esperan el sueño con los ojos cerrados. Estaba mirando hacia el techo con los ojos abiertos y al instante los cerró y volvió la cabeza a un lado, entonces ya no se movió. Incluso me asusté, pero su pecho subía y bajaba rítmicamente en lentos intervalos.
     El cansancio de muchos días no podía solventarse con una sola noche de sueño reparador. Volví los ojos hacia Kyle y comprobé que tenía los suyos puestos en mí, pero no me estaba mirando ya que observé que tenía la mirada desenfocada.
     Habría dado cualquier cosa por saber qué pasaba por su cabeza en ese instante. Parecía triste. De pronto enfocó la mirada y se dio cuenta de que me estaba mirando, apartó los ojos y se puso en pie.
     - Voy a tomar un poco el aire.
     - ¿Quieres que te acompañe? – Le pregunté poniéndome en pie frente a él.
     Se encogió de hombros y yo lo tomé como un sí, aunque significara que le daba lo mismo. En el exterior nos envolvimos un poco más en nuestras ropas de abrigo, yo por mi parte me abracé con fuerza, poniendo mis manos bajo mis brazos. Estos largos dedos míos se enfriaban enseguida.
     “Tienes manos de pianista” me dijo una vez alguien, y fui a probar mi valía con unas clases de piano. Luego se demostró que tenía manos de pianista torpe. En el tiempo en que cualquier alumno habría avanzado algo, yo no conseguí pasar de hacer la escala con un solo dedo.
     - ¿Te acosaban viejos fantasmas? – Le pregunté y yo misma me sorprendí por ello. Jamás, repito, jamás había intentado hablar con los demás sobre sus asuntos o aflicciones.
     - Se está muy bien con tus amigos. Nos tratan como si nos conocieran de toda la vida. Es la primera vez que me ocurre algo parecido.
     Era obvio que no quería hablar del tema, no insistí.
     - Ya te dije que son excepcionales. Raros, eso sí, pero estupendos.
     - Gracias. No sé si ya te agradecí antes por ocuparte de mi amigo.
     - Creo que sí. De todos modos no fue nada.
     - Es duro para él, aun no está acostumbrado a esta vida, y ya te dije que es demasiado orgulloso para ello.
     - ¿Cuánto tiempo llevas tú en esta vida?
     - Algunos años. Pero ya estoy acostumbrado, sin embargo podría habituarme de nuevo a tener un techo sobre mi cabeza y un plato de comida asegurado todos los días. Y no digamos un buen baño relajante en lugar de una ducha rápida con agua tibia.
     No conocía las circunstancias que le habían llevado a vivir en la calle pero ya sabía que la vida era injusta. Durante muchos años pensaba que la vida había sido injusta conmigo arrebatándome a mi padre cuando apenas yo era un bebé.
     Todo este tiempo pensaba que si mi padre hubiera estado vivo nos habría ahorrado el desfile de tipejos despreciables que habían pasado por la vida de mi madre.
     No habían sido muchos, al menos dos fueron espantosamente abominables, otros fueron insufribles. Como éste último, Hugo, que se paseó por casa pavoneándose como si el sol saliera de su culo. Tal vez nos habría ido mejor, en los diecisiete años que hacía que mi padre nos dejó, si mi madre se hubiera dedicado más a mí en lugar de intentar sustituir a mi padre.
     Estaba visto que el destino había dispuesto que yo no creciera disfrutando del cariño de mi padre. ¿Porqué forzar lo que no podía ser?

martes, 23 de agosto de 2011

30. JARED


     El local de ensayo era pequeño pero acogedor. Estaba todo totalmente insonorizado y hasta disponía de un diminuto cuarto de baño.
     - Está muy bien montado. – Opiné en cuanto curioseé por los rincones.
     - Cuando mi padre lo compró como trastero, ya estaba insonorizado. En realidad formamos el grupo para aprovechar la oportunidad.
     Las palabras de Noah me daban a entender que la música que hicieran no debía ser algo grato para el oído. Era posible que hasta ni supieran tocar ningún instrumento antes de formar el grupo.
     A parte de algunas cajas amontonadas en un rincón, junto con maletas y un par de bicicletas, ocupando gran parte del local estaba la batería, el equipo de sonido, dos sofás y un frigorífico. En alto, colgada de la pared, había una buena televisión de pantalla plana.
     - También nos venimos aquí a ver el futbol. – Dijo Víctor.
     - Entiendo, y lo usáis también como picadero, ¿no? – El que habló fue Kyle, siempre pensando en lo mismo, le brillaban los ojos del entusiasmo.

     Los chicos nos pasaron unas cervezas y fueron a ocupar sus puestos cada uno con su instrumento: Víctor a la batería, Noah con la guitarra eléctrica y Lucas al bajo. Las chicas se sentaron en uno de los sofás y nosotros en el otro, situado en ángulo recto con el de las chicas.
     Esta situación era casi normal. Podía imaginarme que hacía eso todas o casi todas las noches: reunirme con mis amigos, tomar unas cervezas y escucharlos aporrear sus instrumentos, tal vez incluso participar. Me eché hacia atrás y dejé reposar la cabeza en el bajo respaldar. Esta noche, junto con la anterior que pasé en casa de Riley eran las mejores en mucho tiempo. Podría acostumbrarme a la vida común y corriente de cualquier chico de mi edad. Solo tenía veintiún años, apenas llevaba diez meses en la calle, para mí era como si fuesen diez años. ¿Cómo sería para Kyle que llevaba soportando esta vida durante siete años? Parecía que se había resignado y toleraba este tipo de existencia.
     Dejé de sentir la música, mi cuerpo lo sentía exhausto y mi mente embotada. Más que dormirme, estoy seguro de que me desmayé, porque fue un visto y no visto.

lunes, 8 de agosto de 2011

29. KYLE


     Cuando vi entrar al individuo ya intuí que podríamos tener problemas. La mañana anterior nos había espantado de la puerta bajo amenaza de llamar a la policía, y ya la otra vez, cuando entramos al local, vino amablemente a expulsarnos de allí. Solo le faltó la escoba para golpearnos como a gatos callejeros.
     Se llevó a Riley aparte y estuvo aleccionándola. Observé cómo ella parecía un volcán a punto de estallar. Tenía carácter la chica después de todo, ya que fui testigo de cómo se le enfrentó. Oculté una sonrisa cuando el tipo salía y ella pareció contenerse para no hacer algo del estilo de tirarle un taburete a la cabeza. Menuda gata salvaje. Y al concederme un instante para imaginarla con un ceñido traje de catwoman a lo Halle Berry, se me revolucionó la libido. ¡Ay, Dios! Di gracias por llevar el chaquetón holgado. Pese a sus estrechas caderas y su altura cercana a la mía, Riley era un bombón digno de degustar.
     - Podemos irnos. – Anunció la chica y volví a la realidad, cuando me giré comprobé que el camarero ya había barrido el suelo y colocado todas las sillas en su lugar correspondiente.
     Salimos al gélido exterior y esperamos a que Riley echara los cerrojos, al instante seguimos al grupo. Jared iba entretenido con el duendecillo pelirrojo, y Riley se colocó a mi lado, gesto que agradecí y me agradó.
     Tomó mi mano, puso algo en la palma y cerró mi puño.
     - ¿Esto qué es?
     - Mi propósito era invitaros pero Jared se empeñó en que no quería caridad. – Hice que se detuviera un instante y la miré con atención, estaba algo tensa, parecía esperar que yo también la rechazara. – No era una limosna, sino una invitación. Por favor, no me la rechaces.
     Sus manos seguían rodeando mi puño y pese a que para ella era un gesto sin importancia, para mí tenía un gran valor. Sus ojos castaños me observaban apenas sin pestañear, grandes y cálidos, curiosamente envolventes.
     - Claro que no. – Ella me soltó y yo oculté la mano en el bolsillo temeroso de abrir el puño y romper el conjuro que  me había hechizado. Echamos a caminar de nuevo e iba tan cerca de mí que podía oler su leve perfume, una fragancia que  rascaba en mi subconsciente, un olor que me era vagamente familiar.
     Riley se estremeció, volví la vista y comprobé que llevaba un anorak sobre su fina camiseta de algodón.
     - ¿Tienes frío?
     - Oh, no. – Respondió quitándole importancia al hecho de estar congelándose mientras seguía caminando a mi lado.
     - Si quieres… puedo darte un poco de calor. Ven aquí. – La atraje hasta mi costado y la envolví con mi brazo izquierdo. No tenía ni idea de por qué lo había propuesto pero tampoco supe porqué ella aceptó sin titubear.
     El calor de su cuerpo traspasó todas las capas de ropa hasta que me alcanzó, o tal vez fue la corriente eléctrica que sacudió mi cuerpo de extremo a extremo.
     - Esos amigos tuyos… se ven buena gente. – Dije más que nada para romper el silencio.
     - Lo son… Ya ves, hasta me admitieron en su grupo, ya lo creo que son excepcionales.
     - No puedes hacerlo tan mal.
     - No te hablo del grupo musical, ahí solo participo en los coros de vez en cuando. Me refiero a que me acogieron como una amiga más. Nunca he sobresalido como buena para hacer amistades.
     - Pues con nosotros lo has hecho bastante bien, como una experta, diría yo.
     No me gustó que se quitara importancia y hablase como si sus amigos le hubieran hecho un favor tremendo. Quizás su nivel de autoestima estaba un poco bajo.

sábado, 23 de julio de 2011

28. RILEY

                Ver a Amber coquetear con Jared despertó un monstruo que al parecer dormitaba en mi interior. Tuve que sonreírles cuando el chico me dedicó una de sus miradas.
                Volví la vista a Kyle que pareció conectar con los chicos. Desde el principio supe que éste era el más lanzado de los dos. Pasé un paño húmedo por el lado del mostrador más alejado de donde ellos se encontraban. Necesitaba distraerme un poco, ellos conseguían que mi cerebro se paralizara y dejara de funcionar como era debido.

                Faltaban unos minutos para cerrar y la gente iba abandonando el local. Mis amigos se sentaron junto a una mesa mientras yo hacía las cuentas.
                Estaba inclinada sobre el ordenador cuando Jared llegó junto a mí. Sentí su presencia incluso estando de espaldas a él, siempre olía a jabón.
                - ¿Cuánto te debo?
                - Invita la casa.
                - No puedes invitarnos, ya lo hiciste ayer. ¿Recuerdas?
                Me quedé en silencio un segundo, no sabía que él lo había averiguado, tal vez se lo había confesado Kyle.
                - Insisto, es una invitación.
                - No necesito tu caridad.
                No eran unas palabras especialmente duras pero me dolieron igual que un buen puñetazo en el estómago. Bajé la vista y tomé su dinero, le devolví el cambio y él se alejó de mi lado. Sentí las lágrimas escocer en mis ojos. Que un tío que vivía de la caridad de los demás me dijera que no quería la mía… realmente me dolía. Sobre todo viniendo de él, porque a cualquier otro lo habría mandado a hacer gárgaras.
                Pero lo más doloroso es que no era caridad, era una invitación, y el hecho de que yo no fuera el tipo de persona que va entregando propinas, limosnas ni haciendo invitaciones, suponía que debía hablar en mi favor.
                No sé que me ocurría con ellos dos pero estaban sacando una característica que no sabía que tuviera… jamás he sido bondadosa.

                Mi jefe entró al local y dedicó una malvada mirada a Kyle y a Jared. Llegó junto a mí y me llevó a un rincón apartado. Me regañó.
                - ¿Qué hacen esos ahí?
                - Son mis amigos. – Justifiqué su presencia allí metiéndolos en el mismo grupo que a los otros.
                - La otra mañana los eché de la puerta. Riley, son vagabundos.
                - Pero tienen dinero para pagar lo que consumen. – Me mantuve firme a sus ojos, no podía tener queja de mí, puesto que yo siempre hacía bien mi trabajo.
                - No me gusta que entren aquí, aunque puedan pagar. Ahuyentan a la buena clientela.
                - Pues a mí me parece que a los clientes de esta tarde no les ha importado, no había ni una sola mesa libre.
                Era raro para mí enfrentarlo y de hecho jamás lo había intentado siquiera. No es que yo fuese una chica callada y asustadiza, es solo que nunca tuve razón para protestar.
                - Recuerda que ante cualquier problema… tú eres la responsable.
                - Perfecto. – Concluí furiosa. No era ninguna novedad que yo fuese la responsable de cuanto ocurriera en el local. En un principio pensé que era un privilegio que confiara en una chica para conducir el negocio en su ausencia, pero cada vez había ido adquiriendo más cargas y obligaciones pero los derechos no crecían en igual proporción.
                El jefe recogió la recaudación y se marchó. Me contuve para no hacer una burla a su espalda, porque se suponía que yo ya no era una chiquilla, por ello me mordí la lengua antes de hacer o decir algo indebido.